Últimamente está habiendo una buena lista de pilotos doblados en la Sprint Cup de NASCAR. Esta fue una de las cosas que me sorprendió cuando llegué: el proceso para doblar a pilotos. Acostumbrados a las banderas azules en Europa, en América usan otro tipo de idea. Y puede decidir la Sprint Cup si no se va con cuidado.
[dcs_pagebox id="22917" type="small-190" lightbox="true" words="12" /]¿Por qué puede decidir el Chase? Esa es la pregunta que os podéis estar haciendo ahora. Pues bien, este fin de semana pasado se corrió en Martinsville, uno de los dos circuitos ratoneros por excelencia. De hecho, es en el que es más complicado pasar por su constitución sin apenas peralte: la trazada es más lineal y no hay variedad de ellas, por consiguiente, más difícil sorprender. Y por regla de tres, los pilotos doblados son más una molestia que una ayuda.
Puedes superarlos si ellos se dejan. Recalco en lo que se dejan. En una incursión sobre el reglamento de banderas NASCAR, descubrí la curiosidad que existe bandera para doblados, pero que pese a ondearla, el piloto podía decidir si hacerle caso o no. La única excepción que hay es que si el doblado pertenece al equipo del rival del que va a ser doblado, si que debe acatar la orden.
Y a nadie se le escapa lo que pasó entre Jimmie Johnson y Juan Pablo Montoya a falta de unas 60 vueltas para el final. El #48 de Hendrick, quien iba a doblar al #42 de Ganassi, golpea el Chevy del colombiano y hace que trompee. A eso se le suma el carácter latino de Montoya. No me quiero imaginar que puede pasar en futuras carreras entre ambos. Puede salir bastante malparado el actual líder del Chase. Todo depende de Montoya, ya que es probable que en algún momento pueda doblarle o incluso luchar posición.
Pocas competiciones son así de crudas (“raw” en inglés), y la NASCAR nunca me dejará de sorprender en este aspecto. Aquí o doblegas a todos, o te quedas atrás mientras te doblegan vuelta a vuelta. Aquí tienes que pelearlo. Todo.
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